Ya empezaron otra vez,
desde el principio se veían bastante escandalosos. El acuario estaba
bien, llevaba mucho tiempo sin ver tantos peces diferentes en el
mismo lugar; pero los cocos, simplemente los podría recoger del
patio de mi vecino, solo era de pedirlos; era muy amable con nosotros
y a veces le ayudábamos con tareas pequeñas o lo visitábamos en su
taller después de la escuela. El señor Hien, si, así se llamaba;
nos contaba las noticias que escuchaba en una radio pequeña que se
había conseguido, nos decía que pronto todo cambiaría y que
debíamos permanecer juntos, en ese tiempo no me importaba lo que
pudiera cambiar, sólo quería que el jardín del señor Hien se
quedara para siempre, los cocos y los mangos, la radio, mi hermanita
y mi mamá llamándome al oscurecer para cenar y tomar el té en la
puerta de la casa antes de dormir; una mujer dura y cariñosa mi
madre, de no ser por lo que me enseñó no se como habría vivido
aquellos años.
Ahora este niño llena el
coco con cerveza, seguro está muy borracho como para darse cuenta.
No recuerdo la primera vez que probé la cerveza, jaja, quizás nos
llevamos tan bien desde el principio que ya no lo recuerdo. Durante
la guerra siempre recibíamos nuestra ración que cocinábamos en los
campamentos, la húmeda selva hacía que llevar comida con nosotros
fuera difícil y no íbamos a arriesgar raciones muriendo en la mitad
del camino; “si vuelves, comerás”, siempre me lo decía Dung;
éramos de la misma provincia pero nunca lo había visto antes. Dung
decía que me cuidaba, pero yo fui el que lo salvó mas de diez
veces; una vez se durmió en su guardia y casi nos encuentran, como
lo odié esa noche. Yo era su único amigo, y supongo que yo también
me preocuparía si hago enojar a la gente que me cuida la espalda,
entonces se apareció a la siguiente noche en mi tienda con una
botella de lo que al principio pensé que se trataba de gasolina.
“Vamos a beber, te hará bien antes de dormir, es licor de China,
los soldados lo toman ayá”, lo siguiente que recuerdo es a mi
capitán gritándome a la mañana siguiente totalmente furioso
apuntándome su Makarov en la frente.
En esos días trataba de
no pensar mucho en la muerte, si lo hubiera hecho supongo que me
habría quedado en un agujero todos estos años. Si, maté a muchos;
americanos, coreanos y otros traidores que consideraba mis hermano;
era la primera vez que veía extranjeros, siempre odié que tuve que
conocerlos de ésa manera. Hice lo necesario, nunca maté por placer,
ahí fue donde muchos se perdieron. Todos odiábamos a los invasores,
todos habíamos sido heridos por ellos y muchos ya estaban muertos
cuando tomaron las armas, solo veía sus cuerpos alimentados por el
odio, dolor, venganza. A muchos les fue peor que a mí, la última
vez que vi a mi madre no fue como lo fue para muchos. Recuerdo llegar
a las aldeas cuando era muy tarde, solo cadáveres, en los campos,
las casas, en los ríos; todos por igual, soldados, campesinos,
mujeres y niños, los niños, ellos nunca debieron de ver esto,
nadie debió de pasar por esto, pero así es la guerra.
La comida sabe bien,
aunque nadie puede igualar los rollos de mi madre, o los platos de
arroz frito de mi mujer; a veces pienso que esa fue la única razón
por la que me casé con ella. En esta mesa hay de todo, me dicen que
ya no debo de comer puerco pero no me voy a perder de esto; a mi
nieto le están engordando los brazos, se ve que va a crecer fuerte y
sano, quizás tan grande como estos americanos. Hace mucho tiempo que
no veía gente tan grande, pero no importa, nosotros éramos pequeños
y delgados; había veces que solo comíamos menos de un puñado de
arroz y algunos vegetales para seguir peleando, siempre deseábamos
que llegara la temporada de cosechas, así recogíamos frutas de los
árboles en la selva. Era muy complicado mantener el estómago lleno
en esos años, el sur tenía hambre y teníamos que sembrar por 2 y
comer por menos de 1; ambos bandos le prendían fuego a los campos y
siempre me dolió que mataran a los campesinos, por que cada vez que
uno moría, cientos morirían por su ausencia.
Siguen pidiendo cervezas,
parece que no se llenan nunca. A nosotros nos tenían muy penado el
emborracharnos, claro que no significaba que no lo hiciéramos
nosotros o nuestros superiores, y sabíamos que era absolutamente
mortal bajar la guardia en cualquier momento, casi no me gustaba
tomar a menos que estuviera de visita en Hanoi, claro, eso era antes
del bombardeo. No sé que tiene la ciudad que te cambia un poco. El
señor Hien viajaba ahí una vez al mes cuando mucho, no había
entendido por qué hasta que la visité por primera vez y había que
saberse mover para obtener el mejor contrabando, pero siempre tenías
en mente que debías de volver; no podía esperar al día en que todo
terminara y pudiera disfrutar con mis hermanos de la comida,
especialmente de las frutas como en aquel jardín.
Vaya que éstos son
ruidosos. Después de un día respirando el aire del mar jamás había
probado una piña tan dulce, y estos idiotas se la arrojan entre
ellos. No se de dónde sacábamos fuerzas en ese entonces, días
enteros en las montañas, esperando a encontrar la siguiente aldea en
la que pudiéramos hacernos con algo de comer. Una sopa caliente,
pescado, pan, café; todas esas cosas seguían siendo artículos de
lujo, creo que no probé un café con leche hasta hace algunos años;
quién iba a pensar que pasaría de simple soldado a vivir como los
franceses de la alta sociedad. Si, en ese tiempo soñábamos y
hacíamos planes; muchos deseaban regresar a las granjas con sus
familias, otros estaban más que emocionados por las fábricas en las
ciudades y sobré qué se fabricaría una vez que ya no tuviéramos
que construir armas. Yo solo quería volver a mi aldea, subir por un
coco y tomar algo de té antes de dormir bajo el oscuro cielo de
marzo.
Nunca había visto estas
islas, nunca me asignaron a estos lugares, supongo que en aquellos
años estas aguas no eran tan tranquilas, nunca fui un hombre de
mar pero he dado todo por esta tierra. Oh, míralos, ahora se están
escupiendo la cerveza unos a otros; si los hubiera visto en Saigon
mas de uno habría hecho algo al respecto, incluso los otros
extranjeros parecen algo molestos, ¿serán todos americanos? No
conozco mucho inglés, solo palabras pequeñas como oquéi y veri
gud, los americanos siempre nos gritaban cosas como chink, moder
foker y fokin charli; al principio no pusimos atención, pero a lo
largo de los meses lo escuchábamos cada vez que los encontrábamos.
Ya tuve bastante de esta
gente, solo están haciendo el barco incómodo para todos. Vamos,
paga y lárgate de aquí; no puede ser, desde que llegaron los
turistas siempre veo gente como ellos, borrachos, groseros, y ahora
esta mujer volvió a brincar al agua, ¿qué no sabe lo peligroso que
es nadar entre barcos? Yo no me preocuparía por que volviera a
bordo, todos los tripulantes están molestos y nerviosos, esto se
está saliendo de control. ¿Qué?, otro extranjero, está
discutiendo con ellos, pero ellos se ven más fuerte que él, ¿se
van a pelear?, no tiene oportunidad, está bastante flaco, como, mis
manos; debería ayudarlo, pero ni siquiera puedo ponerme de pie por
mi mismo. Todos se callaron, ¿se habrán calmado? Ya, están
pagando, pero el capitán aún sigue molesto; solo espero que se
vayan sin causar más problemas.
Este muchacho,
probablemente no hubiera durado mas de 1 minuto peleando con ellos,
pero aún así intentó hacer algo, lo mismo decían de nosotros;
parece bastante serio, pero quizás nos hubiera sorprendido a todos.
Supongo que debería agradecerle de alguna forma; quizás algún día
pueda mostrarle mi nuevo jardín, puedo pedirle a mi nieto que me
ayude a bajar para él algunas frutas o un coco, un pequeño gesto
para decirle cảm ơn.









